la Bolivia del Tio, potosí

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Aún me cuesta “char char” toda la bola que ha supuesto la visita a la minas de Potosí, el símbolo de la riqueza de Bolivia.

Tras pasar por las tiendas de “la botellita de alcohol a 10bv, la bolsita de coca a 7bv y el cartucho de dinamita a solo 5bv”, nos hemos dirigido con nuestro disfraz de minero y los “regalos” para los trabajadores a la cooperativa de turno. “Ahora llevar a los gringos a las minas, ensuciarlos, enseñarles el tío y dejarles dinamitar un cartucho es lo que se lleva. Es el circo de la minería que está desvirtuando la seriedad y la crudeza del oficio. Para mí y muchos de mis compañeros es un insulto” Nos indica Julio, exminero de las entrañas de Cerro Rico que será nuestro jefe, guía y gurú. Son las 9:00 de un tal lunes en Potosí.

“Tras el quiebro de la empresa pública en el 85 hubo un parón en la minería organizada, pero desde el 98, diferentes grupos de hombres (lo siento, este todavía es un mundo en el que se excluye a la mujer) han retomado la tarea…” de urgar los últimos despojos de Potosí pienso yo. “En total son 325 cooperativas (15,000 mineros)” y me sorprendo pensando que el cerro sigue aún con algo de sangre en sus venas…

Hoy los mineros tienen cascos de protección, botas de ule, linternas con batería, un sueldo decente (comparado con el resto de sueldos en Potosí) y libertad de trabajo. Pero la minería es un mundo oscuro y duro… Existe así, la contradicción de que “ningún minero desea esto para sus hijos, pero pocos son los que son capaces de dejarlo cuando les pica la “fiebre” del dinero fácil”, dice con su cruda forma de hablar.

Tras desayunar y tomar su trago de alcohol, el minero empieza a “char char” la hoja de coca que le hará estar alerta, enérgico y sin malestares por hambre o falta de oxigeno. En estos precarios pozos (algunos de la época de los españoles) se enfrentará al calor, la humedad, el polvo, los gases tóxicos y a la muerte por derrumbe. Pasará horas buscando una veta de mineral para agujerear, dinamitar y al día siguiente extraer el mineral, que con suerte, dará para durar otra semana.

Acá el minero habla de mujeres, de futbol, de espíritus y del Tio (el diablo, señor de lo que hay bajo tierra = la mina = el infierno). Pero antes de empezar visitaran esa anti-capilla donde está el Tio (ente, mezcla de religión católica y creencias propias), al que ofrecen algo de coca, alcohol o cigarrillos. Buscarán protección, suerte, o simplemente darán, las gracias… En las largas horas de “entierro” se murmuraran historias de ofrendas y tratos, de hombres que se hicieron ricos y de tantos que murieron…

“La mina es otro mundo, el submundo que tiene sus propias leyes y reglas; sus ritos y ofrendas; sus sueños y pesadillas…”

***

Se acabó el show, nuestros pasos nos llevan a la luz, la salida al mundo exterior… Al de un rato el mareo, los ecos de las conversaciones en murmullos y las sombras de los mitos se calman, pero una extraña sensación perdura…

Aquí hay mucho que contar…

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